El pasado 21 de septiembre se estrenó en Netflix otra bioserie basada en la historia de un asesino en serie; en este caso, tocó el turno de que nos contaran la supuesta vida de Jeffrey Dahmer, quien estuvo activo de 1978 a 1991.
La serie, titulada Dahmer: Monstruo, la historia de Jeffrey Dahmer, nos cuenta la supuesta vida del asesino, su infancia, los problemas en la escuela, su gusto por la taxonomía y cómo era su modus operandi para seleccionar y matar a sus víctimas entre los años que estuvo activo.
¿Una serie insensible?
Dahmer cuenta con un total de 10 episodios, con una duración de aproximadamente 50 minutos, y está protagonizada por Evan Peters, Nancy Nash, Andrew Shaver y Molly Ringwald, actores reconocidos por su gran trabajo en diferentes producciones.
La cinematografía, la caracterización de los personajes y la selección de la banda sonora, en lo personal, me parece que están bien; Evan Peters hace un buen trabajo metiéndose en el papel (parece que le gustan los papeles de este tipo), pero la serie falla en lo más importante, la veracidad de la historia.
Aunque se vende como una historia basada en hechos reales y desde el punto de vista de las víctimas, se toman varias libertades a la hora de presentar a Dahmer, con el único objetivo de hacerlo parecer más humano y como una víctima de sus circunstancias, romantizando todo lo que pasó y el porqué se volvió un asesino, e incluso remarcando su supuesto arrepentimiento.
No es extraño que una serie o una película se tome sus libertades creativas para contar una historia bajo la etiqueta de “basada en hechos reales”; lo hemos visto mil veces, con hechos históricos, personalidades como Mercury y hasta otros asesinos como Ted Bundy, con la película de Zac Efron; incluso la etiqueta “basada en” se ha usado para distorsionar historias de ficción.

Como en el caso de Bundy, la serie de Dahmer toma los hechos y cambia lo necesario (como la infancia) para hacerla una historia más apegada a lo que busca la industria del entretenimiento, y termina siendo un drama para mantener al espectador pegado a la pantalla, más que para hacer notar los crímenes que cometió y cómo afectó a la comunidad gay.
Es este tipo de libertades el que le ha valido la crítica de muchos y el enojo de las familias de las víctimas, pues Netflix no pidió permiso a las personas que son mencionadas en la serie, pero mantuvo a algunos suscriptores. Además, molesta que se describiera como una serie desde el punto de vista de las víctimas, pero en mi caso no vi nada de eso.
¿Se debería seguir romantizando las historias?
Con Dahmer, pasa lo mismo que con las narcoseries: se terminan justificando las acciones de personas que no tienen escrúpulos, como Dahmer. No digo que esté mal contar esas historias, como se cuentan las masacres de la Segunda Guerra Mundial; el problema es cambiar los hechos.
Es cierto, el cine y las series no están para enseñar, pero el problema viene cuando las personas se quedan solo con esa versión de los hechos y no se analiza el contenido o se compara con los hechos reales.
Dahmer, al final, es una buena serie de drama criminal, para los que aman las series tipo CSI u otras por el estilo de policías y crímenes; sin embargo, si eres de los que aman conocer los hechos, es mejor que vayas al podcast de Leyendas Legendarias, donde exponen los hechos.
Esta serie no es tanto para maratón, por lo lenta que llega a ser con toda la dramatización, pero para todo hay gustos, así que, ¡feliz maratón!







