El libro que inspiró al de Estados Unidos de Japón

Desde que supe que Peter Tieryas se había inspirado en el libro El hombre en el castillo, tuve la curiosidad de leerlo, pensando que sería una experiencia similar a la que tuve con la saga de Estados Unidos de Japón, pero la verdad fue muy diferente y en esta reseña te cuento por qué.

En un giro sorprendente de la historia, Philip K. Dick imagina un mundo donde los Aliados perdieron la Segunda Guerra Mundial. «El hombre en el castillo» nos sumerge en un Estados Unidos ocupado por Alemania y Japón, donde la resistencia y la esperanza se entrelazan con la paranoia y la incertidumbre. 

A través de los ojos de diversos personajes, la novela plantea preguntas sobre la naturaleza de la realidad y el poder de la imaginación

Cuando se intenta saber qué hubiera pasado

El hombre en el castillo se publicó en octubre de 1962 y fue escrito por Philip K. Dick, uno de los referentes del género de la ciencia ficción. Este libro tiene una extensión de aproximadamente 271 páginas, según el formato. 

El libro, como menciono arriba, se encarga de imaginar el que hubiera pasado si el Eje hubiera sido el ganador y los países dominantes, encargados de regir el mundo a su gusto, a diferencia de Estados Unidos de Japón, en este recuento los alemanes los que llevan la batuta, los japoneses quedan en segundo plano y los italianos apenas y se mencionan. 

En esta ocasión, me pasó algo muy similar a cuando empecé a leer Las intermitencias de la muerte: quería que me gustara este libro, en especial sabiendo que es la fuente de inspiración para una de mis sagas favoritas hasta la fecha, pero la verdad es que no fue así. 

Antes de entrar en los detalles del porqué que no lo disfrutara, vamos con los aciertos que veo. La principal idea que resalto es la idea de La langosta se ha posado, un libro prohibido que cuenta lo que verdaderamente pasó, pero como una noval de ficción dentro de este universo, y que por, obvias razones, es un libro prohibido. 

Esta idea me parece interesante, ya que representa el control de la información a través de políticas de Estado que marcan lo que las personas tiene permiso de leer, esto con el fin de minimizar el pensamiento individual y la nulificación de ideas que se opongan al régimen, en este caso el nazi. 

Esto, desde mi punto de vista, lo veo como una crítica hacia lo que se hizo durante la guerra: las famosas quemas de libros en las plazas y las consecuencias que las personas recibían, por intentar resguardarlos de las llamas. 

Como hemos visto en otros libros, como Fahrenheit 451, el tema central en estos primeros ejemplares distópicos es el de los regímenes totalitarios, del control de las masas y la prohibición a la información para evitar la oposición del pueblo, incluso, y de manera más marcada en este libro, se tocan temas como la reescritura de la historia. 

Esos temas me parecen sumamente interesantes desde siempre, pero creo que en esta época se están volviendo más relevantes, y deberíamos de voltear a ver este tipo de libros para comprender y cuestionar nuestro entorno, a diferencia de lo que hizo Andy Warhol, que parece que entendió mal 1984

Ahora, a pesar de que el tema y la temática son interesantes, tengo que aceptar que no disfruté con este libro como esperaba; se me hizo muy tedioso el leerlo. 

Para empezar, el libro tiene demasiados personajes e historias paralelas para tan pocas páginas. Aunque la en apariencia pareciera que las tramas son sencilla, para que puedan tener cabida dentro de tan pocas hojas, la verdad es que tiene más profundidad.

Esto lleva a que el libro sea muy descriptivo, incluso con personajes que solo salen unos pocos capítulos, lo que hace que el libro sea lento, es hasta la página 200 que se empieza lo interesante, cuando alunas de las tramas se empiezan a entrelazar y se tienen consecuencias derivadas de sus actos, ya sea siguiendo o quebrando las leyes.  

Otro punto que me estuve cuestionando sobre este libro es el tema de minimizar la participación de Japón en la Segunda Guerra Mundial y el subestimar hasta donde pudiera haber llegado en el caso de que el Eje hubiera ganado. 

No se toma en cuenta la incursión militar de Japón en el continente asiático y mucho menos su temible área 731, donde se hacían experimentos del mismo nivel o incluso más sádicos y con más implicaciones que los mismos alemanes.

Por eso mismo, me parece que el acercamiento de la división entre Japón y Alemania, así como el desarrollo que se marca en la saga de Tieryas parece más verosímil, a comparación de la situación que se muestra en El hombre en el castillo.

En conclusión, en esta ocasión tengo que decir que el alumno supero al maestro; Peter Tieryas logró crear un mundo más creíble, tomando en cuenta datos históricos, más que personalidades, y los mezcló con su ficción de manera verosímil. 

Además, Estado Unidos de Japón, como saga y como libros independientes, tiene una gran estructura narrativa que mantiene al lector enganchado en la historia y en los personajes, lo que hace que los libros sean dinámicos e interesantes. 

¡Feliz lectura!


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