Recuerdo la primera vez que tuve acercamiento con la literatura de C.S. Lewis; fue en la secundaria, en la clase de literatura en inglés. En uno de los libros venía un extracto de la historia de El león, la bruja y el armario; si mal no recuerdo, era la parte en la cual Lucy se adentra por primera vez en Narnia. Desde ese momento, recuerdo que me pareció fascinante, más que nada porque empezaba a adentrarme más en la magia de los libros de la mano de Harry Potter.
Tiempo después, volví a tener un acercamiento con la historia de Narnia a través de las películas, razón por la cual empezaron a traer toda la saga a las librerías. Así fue como me adentré por completo en ese mundo y conocí sobre C.S. Lewis, autor del cual te cuento un poco en esta ocasión.
Una pequeña presentación de C.S. Lewis
Nació el 29 de noviembre de 1898 en Belfast, Irlanda, y murió el 22 de noviembre de 1963 en Oxford, Inglaterra. Su nombre completo era Clive Staples Lewis, pero todos lo recordamos como C.S. Lewis gracias a sus grandes obras y, en especial, por Las crónicas de Narnia, una saga que ha trascendido diferentes generaciones.
Un dato curioso es que su círculo cercano no lo llamaba por su nombre, sino que lo llamaba Jack a petición de él y en honor a un perrito, Jacksie, que fue su fiel compañero, quien lamentablemente murió atropellado.
Creció en una familia anglicana, pero durante su juventud C.S. Lewis se interesó en la mitología y en el ocultismo, y se consideraba ateo; sin embargo, como veremos más adelante, más tarde encontró el cristianismo y se volvería un referente en la literatura cristiana.
Desde niño, mostró un gran amor por la literatura, en especial por las historias que contaban con personajes antropomórficos, lo que se ve reflejado en sus obras con personajes animales que hablan y son parte de una sociedad.
En 1917, Lewis ingresó a la Universidad de Oxford, Inglaterra, donde se tituló en literatura y filosofía; además, es aquí donde cruzó su camino con J.R.R. Tolkien, con quien creó el club de los Inklings junto con Charles Williams y Owen Barfield. Los cuatro solían reunirse para discutir temas de filosofía y literatura.
Entre Tolkien y Lewis se forjó una amistad tan cercana que ambos se ayudaron y alentaron a terminar sus más grandes obras: El señor de los anillos del primero, y la Trilogía cósmica y Las crónicas de Narnia del segundo.
Durante su etapa más activa en el cristianismo, escribió varios libros sobre la religión y, durante la Segunda Guerra Mundial, aceptó hacer transmisiones en radio para que la población en Inglaterra mantuviera la fe durante una de las etapas más oscuras de la historia.
El legado mágico de Lewis
La literatura de C.S. Lewis es difícil de clasificar en un solo género, ya que sus libros van desde la literatura medieval, pasando por apología cristiana, hasta la ficción. Escribió alrededor de 60 libros y ensayos para adultos, pero sus obras más reconocidas son las que escribió para los niños, entre ellas Las crónicas de Narnia.
Sus detractores lo consideran alguien que popularizó y pregonó el cristianismo a través de sus obras. De hecho, estudiosos de su obra han mencionado que en Las crónicas de Narnia, además de tener diversas referencias mitológicas, también tiene muchas alegorías que recuerdan a figuras e historias bíblicas; la más evidente es Aslan, que es una representación de Jesús.
El mismo Lewis confirmó la referencia de Aslan en una carta de 1961, en la cual mencionaba: “¿Qué pasaría si Cristo quisiera salvar otro mundo? Como Narnia. En nuestro mundo se hizo hombre y en Narnia es un león.”
Cabe mencionar que no solo sus creencias dentro de su obra han sido foco de crítica en la comunidad literaria; la mayoría de las personas dentro del mundo literario también han sido muy críticas sobre cómo es que termina la saga de Narnia. La razón es que en el final Susan se queda sola, ya que sus hermanos mueren en un accidente que los lleva a Narnia, haciendo una alegoría entre esta tierra y el cielo; algunos dicen que es un castigo para ella por perder la fe e inclinarse por las cosas materiales.
Más allá de las controversias, C.S. Lewis pensaba como un poeta, pero se consideraba malo en escribir poesía, algo muy diferente de lo que pasaba con su prosa, precisa y muy bien escrita, un contraste que solo suma a su personalidad llena de contradicciones: era un hombre de la época moderna, la cual odiaba; fue uno de los teólogos más populares, pero con una gran crisis de fe.
Al final, no cabe duda de que gracias a su obra podemos adentrarnos en una de las más grandes aventuras (seas creyente o no) gracias a un ropero mágico y acercarnos a una de las ramas de la filosofía religiosa, para expandir nuestros puntos de vista sobre lo que puede ser la fe y crear nuestro propio lente con el cual ver el mundo.
¡Feliz lectura!







