En la actualidad, la distopía es uno de los géneros literarios más populares entre lectores y espectadores. En la década de los 2000, las historias juveniles, como Los juegos del hambre, que se desarrollaban en estos escenarios, se volvieron muy populares.
Pero, a pesar de su popularidad, ¿hemos aprendido algo de ellas? Este es un género que entretiene a la gran mayoría, pero parece que son pocos los que ven más allá de la superficie.
¿Qué es la distopía?
También conocida como la antiutopía, la distopía, como subgénero de la ciencia ficción, presenta sociedades ficticias que resaltan un futuro desalentador en un escenario postapocalíptico que muestra las peores versiones del ser humano.
Este tipo de historias se enfocan en hacer una crítica de la sociedad actual y cómo es que nuestras acciones en el presente pueden afectar de forma negativa el futuro.
Por sus características, es una corriente que se contrapone a lo que muestran las utopías, las cuales pintan futuros felices que no muestran ningún problema y donde todos los seres humanos son iguales.
La razón por la que nace la distopía es por la necesidad de los artistas (sobre todo escritores) de hacer notar lo que está mal en el mundo, con un especial foco en los gobiernos autoritarios y los excesos del poder en diferentes escenarios.
Los puntos principales que caracterizan este tipo de historias:
- Mundos devastados por una guerra, un desastre ambiental, sobreexplotación de recursos, entre otros desencadenantes.
- Ideologías polarizantes, en algunos casos de carácter fantasioso, pero que terminan dividiendo a la población.
- Los acontecimientos pasan casi al inicio del apocalipsis o algunos años después del mismo.
- Gobiernos de corte totalitario o autoritario que polarizan a la sociedad.
- Deshumanización de la población.
- Tiene una correlación con las tendencias de la época y del contexto sociopolítico.
En cuanto al inicio como tal del género distópico, muchos lo marcan con las publicaciones de Un mundo feliz, 1984 y Fahrenheit 451, la tríada dorada. Lo cierto es que el término se remonta a 1868, específicamente a un discurso de John Stuart Mill, y se puede decir que el tema postapocalíptico ya había sido abordado en 1909 con su obraLa máquina se para de E.M. Forster.
Una crítica al presente a través del futuro posible
Por su naturaleza y características, las obras distópicas de principios del siglo XX se distinguen por la férrea crítica de los gobiernos de corte autoritario que se estaban gestando en ese momento, como el de la extinta URSS.
Los principales temas reflejados incluyen el control de los medios y la educación para poder controlar la narrativa que les conviene y mantener el control social suprimiendo el pensamiento crítico en favor de una mentalidad colectiva. También destaca el control por medio del miedo y el aislamiento.
Siguiendo el manual de los regímenes de ese estilo, por lo general, estas historias comienzan con un tono utópico, mostrando lo bueno que es que el gobierno tenga el control de todo, pero conforme vamos avanzando en la trama, nos vamos dando cuenta de la verdad oculta, que es que en realidad todo es un caos causado por la represión.
Obras dentro de la distopía
Al igual que el ciberpunk, la distopía nos muestra un escenario posible; la diferencia recae en el origen de la decadencia de la sociedad: en uno es la tecnología, en otro es por la propia mano del hombre.
Algunas de las obras que han intentado mostrarnos un reflejo de lo que podría ser, además de las tres principales, son:
- Libros: Los juegos del hambre (Suzanne Collins), Nosotros (Zamiatin), Metrópolis (Thea von Harbou), Rebelión en la granja (George Orwell), La naranja mecánica (Anthony Burgess), The Giver (Lois Lowry).
- Series: 3 %, Terra Nova, El cuento de la criada, Black Knight, Hellbound.
- Películas: Mad Max, Gattaca, V de Vendetta, 12 monos, Battle Royale.
¿Un destino ya escrito o una advertencia?
A veces, la ficción se cuela por las rendijas de la imaginación y se vuelve realidad. Las distopías, mediante su naturaleza crítica, siempre han intentado advertirnos de lo que puede pasar si nos desviamos del camino y nos dejamos llevar por la codicia.
Eso intentó Orwell con su clásico 1984, pero parece que, más que una advertencia, estaba profetizando el futuro, pues en la actualidad, el ojo del gran hermano es una herramienta muy tentadora de usar, no como entretenimiento, sino como un medio real de control; solo hay que ver lo que pasa sin que digamos nada a nuestro alrededor.
¡Feliz lectura!







