Cuando hablamos del terror, es imposible no mencionar dos nombres: Edgar Allan Poe, maestro del gótico y quien nos enseñó que los monstruos están más cerca de lo que creemos y nos gustaría aceptar; el otro nombre es de quien hablaremos en esta nota, H. P. Lovecraft, inventor del terror cósmico y quien ha influenciado la cultura del horror más de lo que pensamos, haciéndonos temer a todo lo que no podemos nombrar.
Así que comencemos este viaje por tierras con dioses ancestrales.
La vida del artista torturado
Pero antes de adentrarnos en su obra como tal, es bueno saber un poco de la vida del autor, ya que mucho de ello se ve reflejado en sus historias.
Howard Phillips Lovecraft nació el 20 de agosto de 1890 en Providence, Rhode Island, y murió el 15 de marzo de 1937 en su ciudad natal. Desde pequeño mostró una gran curiosidad intelectual, lo que lo llevó a ser un ávido lector; además, fue considerado un niño superdotado, pues a los 2 años ya podía leer poesía y a los 6 comenzó a escribir sus propias historias.
Su fascinación por los cuentos de Edgar Allan Poe, Las mil y una noches y la mitología griega fue parte de lo que sentaría las bases para sus obras, donde creó otro nivel del terror. Otra de sus pasiones que se refleja en sus historias es la astronomía, que, además de ser parte fundamental dentro de su mitología, también lo llevó a coleccionar un gran número de telescopios.
Cabe destacar que Lovecraft creció en una familia que perteneció a la burguesía, pero cayó en estatus con el pasar del tiempo. Esto se vio reflejado en su educación, que además fue dirigida por su madre, sus tías y su abuelo materno, este último siendo su mayor influencia para acercarse a la literatura desde muy pequeño.
La muerte de su abuelo y el no poder entrar a la carrera de astronomía fueron dos hechos que lo marcaron en su juventud, por lo que volvió a su hábito de escribir cartas, solo que esta vez también para una revista de su natal Providence. También por esa época, Lovecraft se recluyó, volviéndose casi un ermitaño; esta fue una constante en su vida. Solo rompió su encierro cuando se mudó a Nueva York durante su corto matrimonio (1924-1926) con Sonia Greene.
A pesar de que gran parte de su vida la vivió como un ermitaño, lo cierto es que el escritor contaba con un gran número de amistades con las que mantenía correspondencia y en pocas ocasiones hizo viajes, los cuales documentó en sus diarios y en algunos ensayos.
Por las características inquietantes de las historias de H. P. Lovecraft, existe la creencia de que creía en lo paranormal y practicaba el ocultismo, pero lo cierto es que no reconocía lo sobrenatural ni participaba en las artes oscuras; de hecho, no creía en nada de la espiritualidad, solo se guiaba por la ciencia.
Casi como el escritor que lo influenció (Poe), Lovecraft tuvo que sobrevivir de trabajos de corrección de estilo y como escritor fantasma para varios escritores de la época, así como de vender algunos de sus poemas a revistas por unos pocos centavos. Su obra fue reconocida por muy pocas personas mientras estuvo con vida, principalmente por los lectores de la revista Weird Tales y los escritores con los que tuvo amistades, muchos de ellos parte del Círculo de Lovecraft, los cuales mantuvieron vivas las historias del autor de Providence y publicaron sus obras bajo el sello de Arkham House.
H. P. Lovecraft murió a los 46 años de cáncer intestinal, dejando un legado memorable del cual nunca pudo ver sus frutos.
Un legado hecho de pesadillas
H. P. Lovecraft fue un escritor muy prolífico, con más de cien mil cartas escritas entre amigos, clientes, revistas, otros escritores y su exesposa; además, describió ensayos, un sinfín de poemas y, por lo que más lo recordamos, alrededor de setenta cuentos con su particular estilo, por el cual es conocido como el padre del terror cósmico y uno de los escritores más innovadores.
Sobre sus obras de terror, es importante resaltar que estas son el reflejo de sus vivencias, su aislamiento, de su concentración solo en sus mundos literarios, su falta de oportunidades laborales, de ser un burgués venido a menos y su falta de interés por las personas, así como de sus constantes pesadillas.
Dentro de sus historias, Lovecraft mezcló terror y ciencia ficción a partes iguales para crear su propio subgénero en ambas categorías y con ello el término lovecraftiano, el cual se refiere a ese miedo a lo ininteligible, la locura y la irrelevancia humana, este último terror enfatizado a través del abandono de sus personajes en puntos claves antes de conocer su destino tétrico, a manos de deidades cósmicas intangibles u otros entes.
Los estudios de su obra suelen dividir su trabajo en tres periodos que son los siguientes:
- Gótica (1905-1920),
- Onírica (1920-1927)
- Filosofía cósmica (1927-1937)
Su faceta gótica es donde más se nota la influencia que tuvo la literatura de Edgar Allan Poe sobre su escritura, creando atmósferas macabras y con esa sensación de que algo acechaba en las sombras. En esta etapa encontramos cuentos como La bestia de la cueva, El alquimista, La tumba o Dagón.
Durante su etapa onírica, Lovecraft pasó al terreno de la fantasía con relatos ambientados en tierras míticas y antiguas, donde empieza a jugar con recontar los mitos nórdicos con su especial toque. Aquí encontramos clásicos como Los gatos de Ulthar, La llave de plata, Azathoth o La búsqueda en sueños de la ignota Kadath.
La última, la filosofía cósmica o también llamada los mitos de Cthulhu, es la más representativa de su obra, que es donde muestra al cosmos como un ente inmenso y hostil, donde se ve mayormente reflejada su creencia de que la humanidad no es más que un resultado del azar y un capricho del cosmo.
Es en esta etapa donde Lovecraft consolida su mitología alrededor de los llamados dioses primordiales y otros entes que acechan la tierra. Durante este periodo es donde se encuentran historias como La llamada de Cthulhu, Historia del Necronomicon, En las montañas de la locura o La sombra sobre Innsmouth.
Entre lo que caracteriza la escritura de H. P. Lovecraft está su uso de adjetivos cultos para describir elementos dentro de sus historias, lo que le da un tono serio, educado y solemne, que muchas veces va acorde con los narradores que suele usar, principalmente investigadores, científicos o profesores, que por sus mismos estudios suelen terminar al borde de la locura.
Con su forma tan seria y prolija, el autor logró crear atmósferas que, como lector, te dan una sensación de angustia y misterio, principalmente por sus descripciones tan detalladas, lo que lleva a los lectores a sentirse vulnerables ante los terrores que se ocultan entre las páginas.
Otro de los elementos que suma a que el lector sienta en su propia carne el miedo es que Lovecraft toma lo cotidiano y lo transforma en un escenario donde los peores temores se hacen realidad, lo que crea que, tanto los personajes como los que nos adentramos en sus historias, sintamos que no hay lugar a donde correr para esconderse.
Ese mismo sentido de cotidianeidad es el mismo elemento que le permitía al autor ir construyendo la historia de manera lenta, sugiriendo el peligro que solo se descubría de forma repentina al conocer el destino de nuestro narrador, que terminaba por perderse a sí mismo.
Su particular forma de escribir inspiró a toda una generación de escritores que hicieron del terror su territorio, entre ellos Stephen King, quien tiene muchas similitudes en su forma de escribir, desde las detalladas descripciones hasta volver lo cotidiano en horror.
Aunque en la literatura se encuentra su principal influencia, lo cierto es que la obra de H. P. Lovecraft ha inspirado diferentes historias en la música, el cine, series, videojuegos y hasta juegos de mesa. Su legado es tan grande que, al igual que Tolkien, existe la H.P. Lovecraft Historical Society, la cual se encarga de cuidar y fomentar el conocer la obra del hijo pródigo de Providence.
¡Feliz lectura!








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