La entrada del fútbol en Irán ha tenido que ser paso a paso, derribando varios obstáculos a su andar. A pesar de esto, el fútbol ha sabido dar una que otra alegría a su pueblo, incluso ha logrado que el mismo gobierno se preocupe por una posible occidentalización.
El andar de Irán en las competiciones de fútbol comenzó en los años 60, empezó con torneos regionales que no permitían la competición a nivel nacional. El campeón nacional tenía que venir del torneo que se jugaba en la capital, Teherán, lo que hizo que el deporte se estancará.
Fue hasta 1972 cuando se creó la Copa Persépolis, la cual sería considerada como la competencia nacional. El torneo tuvo como resultado puros campeones de Teherán debido al sistema de competencia anterior.
Lamentablemente, la Copa no duraría mucho. En 1978 (año de debut de Irán en un Mundial) el país se vería inmerso en la Revolución Islámica, teniendo como resultado el ascenso de los ayatolas al poder, quienes traerían consigo un gobierno conservador basado en la sharia (ley islámica) y los fundamentos más radicales del Islam.
El fútbol se vio seriamente afectado en su desarrollo, pues, el gobierno no veía con buenos ojos el fútbol por ser “un producto importado de Occidente” alentando su cultura e ideología que iban claramente en contra del Islam.
La revolución en el país no fue lo único que atrasó el desarrollo del deporte; en 1980 Irán se embarcaría en otro conflicto bélico, pero ahora con su vecino Irak, en una guerra que duraría 8 años y que terminaría sin un claro vencedor, pero que sería una de las más sangrientas de la historia.
Irán no volvería a ver una competición nacional hasta 1989 con la Liga Qods, que en 1991 cambiaría a Liga Azadéngan.
Poco a poco el fútbol veía un poco más de libertad con el paso de los años, permitiendo que la selección Irán clasificara contra todo pronóstico a su segundo Mundial en 1998. La clasificación se festejó en las calles de Teherán como si se hubiera ganado la Copa Mundial, lo que molestó al gobierno enormemente, pues, el festejar con tanta euforia la clasificación era una actitud poco islámica.
El gobierno trató de disminuir los festejos retrasando el regreso de los jugadores al país, pero aun así no pudo evitar que los jugadores fueran recibidos como héroes por la gente en el aeropuerto de la capital.
Tras “los incidentes”, el gobierno tomó cartas en el asunto y puso normas de comportamiento entre las que se encontró el veto a las mujeres de los estadios, confinándolas a ver los partidos por televisión.
Irán tuvo una participación mediocre en su participación en 1998, pero eso no le importó a la gente, pues, el equipo consiguió una victoria muy importante, en todos niveles, contra Estados Unidos por un 2-1 y que además los dejaba fuera de la competición.
A partir de ahí el gobierno de Irán tuvo que empezar a tolerar un poco más el deporte, lo que tuvo como resultado la creación de la Liga Superior de Fútbol de Irán o Pro Ligue en 2001. Esta liga relegó a la Azadéngan a segunda y comenzó la profesionalización del fútbol y tiempo después hasta la incursión de las mujeres, quienes a partir de 2019 ya pueden asistir a los estadios, aunque en números muy reducidos.
A pesar de su “conflicto” con la religión, el fútbol del país ha sabido crecer, convirtiéndose en la 4.ª liga más relevante en Asia gracias al desempeño de sus equipos en la competencia internacionales y el desempeño de su selección que, a pesar de que no han ganado un título de la Copa Asiática desde 1976, siempre está en los primeros 5 lugares. Además, Irán en los últimos años ha conseguido colarse a 3 Mundiales más, el de 2006 en Alemania al clasificarse primera de la conferencia asiática, al Mundial de Brasil 2014 y Rusia 2018.
El fútbol abre fronteras, une a la gente y derriba muros siempre que se le permita ser jugado con de forma libre y pura, sin fanatismos, así es como ha conseguido permear en muchos lugares como Irán, país que sigue creciendo y que seguro veremos en Catar 2022.







