Después de cinco años, regresa uno de los consentidos de Corea a la pantalla chica o, más bien, al streaming, ya que de momento solo habíamos visto a Hyun Bin en películas como Harbin o The Point Men, lo que hace que este nuevo original de Disney+ Korea tenga todos los focos puestos en su estreno.
Made in Korea nos presenta a Baek Ki-tae, un ambicioso agente de la Agencia de Inteligencia de Corea (KCIA) que comienza una red de narcotráfico amparado por el poder que le brinda su puesto, con el único fin de llegar a la cima del poder. Mientras tanto, Jang Geon-young es un inflexible fiscal que tiene como objetivo revelar la corrupción del gobierno y acabar con el negocio de los narcóticos.
Ambos se enfrentarán cara a cara en una peligrosa rivalidad como resultado de las investigaciones del departamento de Antinarcóticos encabezado por Jang, donde solo podrá ganar el más astuto al mover sus fichas.
Un capítulo oscuro de la historia de Corea
Made in Korea se estrenó en Disney+ con episodios semanales los miércoles, empezando el 24 de diciembre de 2025 (con dos episodios) y terminando el 14 de enero de 2026, para un total de seis episodios de aproximadamente una hora de duración cada uno.
En cuanto al elenco, este estuvo conformado por Hyun Bin, Jung Woo-sung, Woo Do-hwan, Seo Eun-soo, Won Ji-an, Jung Sung-il y Roh Jae-won. En el caso del guion y la dirección, estos estuvieron a cargo de Park Eun-gyo y Park Joon-suk en la redacción, y Woo Min-ho detrás de cámaras.
Esta es una serie difícil de etiquetar en un género específico; por un lado, tiene tintes históricos de mediados de la década de los 70; por otro, es un drama policíaco con toques de lucha política, todo aderezado con escenas un tanto fuera de lugar. Si tuviera que elegir un término para describirla, sería comedia negra, un género poco explotado en los k-dramas.
A diferencia de lo que parece en los tráileres, esta es de esas que se cuecen a fuego lento hasta crear la atmósfera de tensión entre cada uno de los personajes y las subtramas que se van entrelazando con el pasar de los capítulos. Por lo mismo, es de esas series a las que tienes que prestar atención, ya que los personajes van moviendo sus fichas como si se tratara de un juego de ajedrez.
Uno de los grandes aciertos del guion, además de esa construcción de la tensión, es la forma en que entrelazan elementos históricos —como el secuestro de un avión que buscaba ir a Corea del Norte— para usarlos dentro de la ficción y hacerla mucho más verosímil. Incluso en los primeros capítulos usan material documental para darnos más contexto sobre el momento histórico en el que se ambienta la serie.
Junto con el buen guion, el uso de los colores, la música, el vestuario y la escenografía están muy bien logrados, lo que hace que, como espectador, te sientas en la época de los 70. Además, la iluminación y el soundtrack suman a esa tensión en los momentos clave, generando la expectativa de lo que va a pasar a continuación.
Por estas razones, a pesar de que es la primera vez que dirige una serie, el director Woo Min-ho demuestra su maestría a la hora de llevar a la pantalla historias que se basan en momentos históricos clave de Corea y fusionarlas con la ficción.
En cuanto al reparto, Hyun Bin logra hacer de Baek Ki-tae un personaje ambicioso, sin escrúpulos y manipulador; en toda la serie transmite una frialdad que no permite que te encariñes con él. Al contrario, es de esos personajes de los que esperas que en algún momento tengan su merecido, pero ese castigo nunca llega; más bien, todo parece acomodarse para que salga victorioso.
Por otro lado, Jung Woo-sung crea un personaje carismático, irreverente y ambicioso, pero en el sentido de que busca impartir justicia sin importar quién tenga que caer, incluso si se trata de los altos mandos del gobierno. En algunos momentos transmite cierta ingenuidad al creer que su plan es sólido hasta el último momento.
A diferencia de lo que vimos en Omniscient Reader: The Prophecy, en Made in Korea Jung Sung-il vuelve a demostrar que eso de ser el villano se le da, y se le da muy bien. Tiene presencia y ese cálculo milimétrico para dejar ver a sus oponentes quién tiene las de ganar en el tablero, en este caso contra los demás hombres del presidente. Por el trabajo que he visto de él, me parece que si en algún momento quisieran hacer un personaje estilo Hannibal en Corea, él sería la opción ideal; tiene el porte, la presencia escénica, el rango actoral y la elegancia suficiente para llevar a cabo un personaje de ese calibre.
Para cerrar, Made in Korea es una gran apuesta de Disney+ dentro de su catálogo de k-dramas, ya que tiene una buena historia y producción; es de esas series que, por lo bien contada que está, logra generar esa chispa de curiosidad en el espectador para conocer más sobre el contexto que toma prestado para desarrollar la trama. Además, para aquellos que gustan de historia con ese tinte de realismo e intriga, esta puede ser una excelente opción para ver el fin de semana.
Eso sí, esta primera entrega se queda en un cliffhanger, pero (aunque no hay fecha exacta) Disney+ Korea ya anunció que la segunda parte llegará este año junto con la segunda temporada de A Shop for Killers y otras nuevas producciones que prometen bastante; solo habrá que ver cuántas de esas producciones llegan a América Latina.
¡Feliz maratón!








