¿Vivimos en la realidad de Fahrenheit 451?

Hace poco encontré por pura suerte una copia de la versión gráfica de Fahrenheit 451, un clásico del género distópico, del que conocía la historia y que existen varias adaptaciones, incluida la que leí. 

Fahrenheit 451 cuenta la historia de Guy Montag, un bombero encargado de quemar libros tras su prohibición. Un día, regresando de una de las misiones, conoce a Clarisse McClellan, una joven poco convencional que gusta de dar paseos y fijarse en los pequeños detalles de la vida. 

Esto despierta en Montag algo que se considera problemático en su realidad, la curiosidad, lo que lo lleva cuestionarse si todo lo que le han dicho siempre ha sido verdad o no, sobre todo la “verdad” de que los libros son herramientas peligrosas que deben ser destruidas o, ¿será que todo es una ilusión? 

Una realidad sin libros ni historias 

Fahrenheit 451 fue escrita por Ray Bradbury, su primera publicación fue en 1953 y se convirtió en uno de los libros de ciencia ficción por excelencia, sobre todo en la rama de la distopía, ya que refleja un futuro en el que la tecnología es lo importante y el conocimiento es algo prohibido. 

En el caso de la versión de la novela gráfica, esta se publicó por primera vez en el 2009, los textos y la introducción corrió a cargo del mismo Bradbury, mientras que las ilustraciones estuvieron a cargo de Tim Hamilton

Mientras la novela original cuenta con una extensión aproximada de 250 páginas (dependiendo de la editorial y edición), la novela gráfica cuenta con una extensión de 160 páginas, por lo que es una historia corta, pero con mucho valor dentro su historia. 

Desde la introducción, el autor se encarga de ponernos a reflexionar, pues nos dice que después de leer cómo es que esta historia nació, nos pide que dediquemos unos minutos a pensar cuál sería ese libro que memorizaríamos para salvarlo del olvido si llegaran a aparecer los bomberos para destruirlo. 

Es con ese preludio que nos sumergimos en la vida de Montag, que pareciera sencilla, siguiendo el status quo, cumpliendo con su deber de eliminar los libros y regresando a casa con su esposa que solo gusta de ver el telemuro. 

Pero su vida monótona da un giro de 180° cuando Clarisse, siembra en la duda de si en verdad todo era así en el pasado, si en serio los libros son peligrosos o si es todo una ilusión, y de la duda nace la curiosidad de saber más ¿Por qué es que las personas están dispuestas a morir por un montón de hojas de papel? 

Junto con 1984 (ya hablaré en otro momento de ese libro), Un Mundo Feliz y The Giver (que muchas personas no suelen mencionarlo), Fahrenheit 451 es una historia que crítica el pensamiento único y la prohibición del pensamiento crítico

Mientras leía los diálogos, en muchas ocasiones me sorprendía pensando en las similitudes que hay con el mundo actual: desde la simplificación del pensamiento, la poca capacidad cognitiva que se tiene, la disminución de la compresión, la poca apertura al diálogo, la manipulación ideológica, los cambios en los significados de las palabras, y ni hablar de la cancelación de fuentes del conocimiento al considerarse problemáticas. 

Es cierto, no hemos llegado a la quema de libros, pero sí a la censura de ellos, modificando su contenido para moldearlo a un contexto al que no perteneces, invalidando o simplemente ignorando su contexto, todo con el objetivo de cumplir con una narrativa que lleve a ese pensamiento único o de masas que tanto buscan los colectivos. 

Como una fiel amante de los libros, una de las partes que más me gustó de la novela es aquella en la que Faber le explica a Montag la naturaleza de los libros y donde es que en realidad se encuentra la magia de estos, como dice “en su forma de coser los relatos del universo para ofrecer una única prensa” y “son uno de los tantos receptáculos en los que almacenamos cosas que no queremos olvidar”. 

A partir de ahí, se explican tres cosas que se ligan a la importancia de los libros, que se liga con el conocimiento, tres pasos que, por lo que vivimos actualmente, se están perdiendo, lo veo constantemente; ya no hay tiempo para pensar y analizar, solo para lo inmediato. 

Al terminar el libro me quedé con una sensación agridulce, ya que, por un lado, vi reflejada la realidad en un libro que fue escrito en los 50 y que no es el mejor camino a seguir; por otro lado, disfrute de las enseñanzas que deja el libro, con las reflexiones que deja sobre todo con las enseñanzas de Faber y del grupo de exiliados en el río. 

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En mi librero, repisas y computadora tengo más de 200 libros, varios de ellos contando una misma historia como pueden ser Los Juegos del Hambre o la saga de Millennium, y, si de por sí ya les tenía un cariño especial, después de leer Fahrenheit 451, ahora les tengo más, pues cada una de esas historias ha sumado algo, lo que hace mucho más difícil contestar la pregunta que plantea el autor: ¿Qué libro memorizaría para proteger de los bomberos?

Al final me parece que Fahrenheit 451 es un libro que todos deberíamos de leer una vez y al hacerlo prestar mucha atención a lo que tiene que decir y reflexionar sobre ello, debería de ser uno de esos que estén de cajón en las listas de libros curriculares en las escuelas, sobre todo en secundaria y prepa donde se tienen (quiero creer que todavía) clases de literatura. 

Por último me gustaría plantearte esta misma pregunta ¿Qué libro estarías dispuesto a salvar de las llamas? 

¡Feliz lectura! 


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