La ironía de que vivimos en una especie de 1984

Quizá no haya un mejor momento para hablar de 1984 de George Orwell que los tiempos que corren actualmente, así que comencemos con esta reseña. 

En este caso, sito la sinopsis que viene en la edición que tengo: En 1984, Londres es una ciudad lúgubre en la que la Policía del Pensamiento controla de forma asfixiante la vida de los ciudadanos. 

Winston Smith es un peón más de este engranaje perverso; su cometido es reescribir la historia para adaptarla a la narrativa que el Partido considera, es la versión oficial de los hechos… hasta que llega el punto en el que decide replantearse la verdad del sistema que los gobierna y los somete.

La advertencia que no quisimos escuchar

1984 fue publicado en junio de 1949, poco después del término de la Segunda Guerra Mundial y del comienzo de la Guerra Fría. Esta novela cuenta con un aproximado de 326 páginas (según la edición y formato) y cabe destacar que fue el último libro que publicó Orwell, quien murió en 1950.  

Hace mucho tiempo atrás, en la escuela, nos dejaron leer Rebelión en la Granja; era uno de los tres libros cortos que nos dejaron para el semestre y recuerdo que, a pesar de que era un libro corto y ya tenía ese hábito de la lectura constante, me costó mucho trabajo, de hecho no me gustó y quizá sea uno de los motivos por lo que tardé tanto en querer leer 1984

Cabe destacar que, ahora que terminé este libro, pienso que tengo que darle una segunda oportunidad a su predecesor. Soy de la idea de que hay libros que con el tiempo pueden gustarte más o menos, ya que con el tiempo y con el paso de las lecturas, nuestra forma de ver las cosas cambia. 

Pero anécdota aparte, sigamos con el libro que nos atañe en esta nota, 1984: uno de los libros más leídos, considerado uno de los clásicos de ciencia ficción que debes de leer por lo menos una vez en tu vida y que, por su contenido crítico, no se ha salvado de la censura. 

Empezando con lo sencillo (al menos en comparación con el resto de temas que mencionaré), que es su estilo de escritura. 1984 está escrito con una prosa bastante fácil de leer. Con esto me refiero a que no hace alegorías o uso de metáforas sofisticadas, las descripciones no se alargan innecesariamente para adentrarnos en la historia, de hecho, es un libro bastante corto, tan solo 326 páginas aproximadamente, pero su contenido es muy basto. 

El uso de palabras de Orwell en este libro es un asunto central en la lectura, ya que uno de los temas que se trata en la novela es la utilización y la importancia del lenguaje en la sociedad, por lo que es de admirar cómo es que él las usó para hacer de esta novela un clásico de la ciencia ficción, un género que se considera comercial por sus historias y su escritura, y a la vez Orwell logró plasmar una crítica compleja sobre el totalitarismo, un término que cada vez se escucha más en estos tiempos. 

De ese último tema parte, más que una reseña, una reflexión que empieza con la pregunta: ¿En realidad entendimos lo que nos quiso advertir el autor con su obra? 

No es un secreto que los programas como La casa de los famosos o los reality shows, se hayan inspirado en las telepantallas y la figura del Hermano Mayor. Incluso uno de los primeros programas de ese estilo tomó el nombre de Big Broder, una referencia no muy sutil, pero, ¿es todo lo que tenía de interesante 1984? 

Esta novela, va más allá del uso de las grandes pantallas que siempre están vigilando a nuestro protagonista, Winston Smith, es una radiografía de lo que pasa cuando se pierde la libertad de pensar por uno mismo, cuál es el camino para llegar a eso y el efecto nocivo que tiene, sin mencionar los beneficios que tiene para los que están en el poder. 

Poniéndolo así, era una advertencia y crítica de varias situaciones que estamos viviendo en la actualidad, como lo son el revisionismo, la negación de la realidad y de la ciencia y la modificación del lenguaje, todo con el objetivo de cumplir con la narrativa políticamente correcta del momento. 

Básicamente, es como si un grupo con bastante influencia hubiera sacado las peores ideas de 1984 y las hubiera tomado como buenas, todo lo contrario a lo que intentaba Orwell. Si hay que decir algo bueno, es que aún no vivimos en ese presente infinito, porque el futuro no importa y el pasado puede ser borrado y reescrito a conveniencia.  

Ya que menciono el tema del pasado, en 1984 nos encontramos constantemente con la manipulación de lo que pasó antes de la Revolución y los constantes cambios de lo que pasa durante el gobierno del Partido, de hecho, nuestro protagonista es uno de los tantos encargados dentro del Ministerio de la Verdad de falsificar la información constantemente. 

El objetivo es simple: el Partido siempre tiene la razón y vela por el orden y la integridad de los ciudadanos, porque bajo su mandato viven mejor que antes. 

En alguna ocasión, hace ya tiempo, hablé de la importancia que tiene la historia y del problema que tiene el revisionismo histórico actual, que busca negar hechos pasados, problematizar situaciones o acciones, borrar o modificar lo que no concuerda con el discurso con el que se busca adoctrinar a la sociedad de hoy. 

Si se borra lo que “no conviene” o esos “otros datos” de cualquier fuente, se controla de raíz la información accesible, no hay forma de contrastar lo que se presenta, por ende no hay manera de que se pueda hacer una reflexión consiente, lógica y crítica de la realidad en la que se vive. Solo existe una verdad, su verdad. 

Este es el primer mecanismo para debilitar el razonamiento y pensamiento: limitar el acceso a la información, como ya mencioné en la reseña de Fahrenheit 451, donde se elimina la literatura, solo que en este caso Orwell lo llevó a otro extremo.  En este punto, no sé qué duele más, la quema de libros o su profanación al ser modificados por un partido. Lo que me lleva al siguiente punto que se me hace clave: la modificación del lenguaje. 

Alteración de la realidad

Con este tema me vienen dos cosas a la cabeza: la primera, una anécdota sobre una conversación en la cual una persona mencionaba que el lenguaje evoluciona, y que si entre dos personas tenía sentido el decir “Amm, Uya a” (puros sonidos) eso era correcto. En lo personal pensé que eso no era evolución, sino una involución del lenguaje.

Por otro lado (y un poco de la mano), está la frase de que “lo que no se puede nombrar, no existe”. Si se elimina el significado y posteriormente la palabra por completo, esa cosa deja de existir o de tener valor alguno, o, como hacen en el libro y lo que ha pasado con palabras tan básicas en el lenguaje actual, si se cambia el significado también se cambia la percepción de se tiene sobre esa cosa.  

Para ejemplo, un botón: en el libro la guerra es la paz, en el Ministerio del Amor se fomenta el odio, la libertad es la esclavitud y la ignorancia es la fuerza. Quizá en la realidad no hemos llegado tan lejos, pero ya hemos empezado a problematizar palabras tan cotidianas y a deslavar el significado de palabras tan importantes como lo son la violencia o la agresión, pues todo es uno u otro, incluso una mirada. 

Esto nos ha llevado, desde mi punto de vista, a tres cosas: la censura, la tendencia que suena del anti intelectualismo y la creciente proliferación de ideologías ampliamente aceptadas. 

La simplificación del lenguaje, a través de apelar por la involución del lenguaje, permite el control del pensamiento, reduce los procesos cognitivos y la libertad de ideas. Como dije, lo que no se nombra no existe y, si no existe, no tienes por qué pensar o razonas sobre ello. 

¿Cómo se llega a todo eso? Controlando la cultura, la ciencia y los medios para poder forjar la narrativa que se busca implementar, todo con el objetivo de inhibir el pensamiento crítico individual y cambiarlo por uno de masa, una mente colectiva que no juzgue ni razone por sí misma. 

Un ejemplo cercano es que en México se modificaron los libros escolares en todas las materias y siempre se tienen “otros datos”. Se maneja un discurso divisorio, se busca un tener el control absoluto y se modifica a conveniencia la percepción de las palabras. 

Cabe destacar que, como yo lo veo, sin la manipulación del lenguaje y retórica, no sería tan fácil el revisionismo histórico, pues no basta con destruir el pasado, se necesita construir uno, tal como lo hace el partido a través del Ministerio de la Verdad. 

Al final, ¿estamos en una realidad similar a la de 1984? Me parece que no al 100 %, pero no hay duda de que algunas de ideas que se plasman, están siendo utilizadas para implementar ideologías contrarias a lo que verdaderamente buscaba transmitir el autor, por lo que o no se entendió el mensaje o deliberadamente decidieron seguir al Hermano Mayor. 

En conclusión, 1984 es uno de los mejores libros escritos y uno que debería ser leído con atención con el fin de hacer una reflexión, sobre todo en este momento en que estamos a tiempo de abrir los ojos, sacudir la apatía colectiva de la época y combatir la moda del anti intelectualismo para evitar llegar a un futuro como el del que nos advirtió Orwell.

¡Feliz lectura!


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