Después de ver que todo el mundo estaba hablando de Adolescencia, uno de los últimos estrenos de Netflix, decidí verla y comprobar qué tan cruda era en realidad… y vaya que sí te deja pensando en lo que está pasando con las nuevas generaciones.
Adolescencia gira en torno al asesinato de una chica de 13 años a manos de uno de sus compañeros, Jamie Miller, quien es arrestado y llevado a juicio para cumplir su condena.
Una historia que debía ser contada
Adolescencia se estrenó en marzo de este año, con un total de cuatro capítulos de aproximadamente 50 minutos cada uno.
La serie fue escrita por Jack Thorne y Stephen Graham, este último también parte del cast junto con Owen Cooper, Ashley Walters, Erin Doherty, Faye Marsay y Christine Tremarco. La dirección estuvo a cargo de Philip Barantini.
Como con 1984, en esta ocasión empezaré la reseña con los elementos técnicos de la serie y después pasaré a la parte más reflexiva sobre la historia que cuenta, ya que me parece que Adolescencia, aunque es una serie corta, tiene mucho para analizar.
La serie está dividida en cuatro arcos que muestran el avance del caso. Cada capítulo nos presenta un momento clave: el día del arresto; la investigación en la escuela, tres días después de los hechos; el diagnóstico psicológico, siete meses después; y, por último, las secuelas en la familia, trece meses después de los incidentes.
En cuanto a la producción, Adolescencia está filmada en un plano secuencia, por lo que no hay cortes y todo se desarrolla en una sola toma. Esto se utiliza como parte de la narrativa, pues solo tenemos el contexto de lo que estamos viendo y escuchando, lo mismo que los personajes que seguimos en pantalla.
Hablando de las actuaciones, solo puedo decir que todo el cast hace un excelente trabajo, en especial Owen Cooper, quien da vida a Jamie y nos lleva por una montaña rusa de emociones con su actuación. Juega con nosotros para hacernos creer su versión de la historia. La verdad es que este chico tiene un gran potencial como actor; esperemos poder verlo en más proyectos de este nivel de calidad.
También destaca Stephen Graham como el papá, mostrándonos otra faceta suya como actor. Por lo general tiene papeles más tirados hacia tipos violentos, pero aquí toca fibras sensibles, al punto que en cierta escena (no especificaré para no dar spoilers) logra que se te parta el corazón.
Asimismo, es de admirar el trabajo de Erin Doherty como la psicóloga Briony Ariston. Ella debe aparentar no verse afectada por las palabras de Jamie, pero al mismo tiempo nos deja ver lo difícil que es mantenerse firme ante la complejidad del carácter del chico.
Ahora sí, es momento de pasar a la realidad que nos muestra la historia de Adolescencia.
¿Qué es lo que no estamos viendo?
A primera vista, la serie parece un drama policial, pero en realidad tiene un mensaje mucho más complejo de lo que parece.
Para empezar, la historia empieza con un hecho violento: el asesinato de una chica a sangre fría a manos de un compañero de escuela. El aparente motivo es el acoso escolar y el ciberacoso al que el chico es sometido por la víctima y demás compañeros de clase.
Este primer panorama nos deja ver tres cosas, que se reflejan especialmente en el segundo capítulo y que nos muestran un tema del que mucho se ha hablado, pero poco se ha hecho: el comportamiento de las nuevas generaciones y la influencia de las redes sociales.
En Adolescencia vemos reflejada a esa generación a la que poco le importa la autoridad, ya sean sus profesores o los detectives que llevan el caso. Lo que realmente les importa es lo que se dice en redes sociales, en este caso particular, en Instagram, donde el tema de moda (nos podemos imaginar por los comentarios) es el caso de Jamie.
Este rechazo extremo a la autoridad es algo que se vive en los salones de clase y que es un problema profundo. En gran medida se culpa a los profesores, pero no se habla de la actitud solapadora de los padres, responsables de la crianza de los hijos y que, en muchos casos, resuelven dándoles una pantalla, llámese tableta o celular.
Esto genera el siguiente problema: no pueden desprenderse de las pantallas y desarrollan una adicción a las redes sociales, al punto de que estas se convierten en el lugar de socialización, de validación y, en algunos casos, en una herramienta para extender el acoso escolar. Es un problema que solo ha ido en aumento, según datos internacionales. Tan solo en México se estima que siete de cada diez estudiantes sufren bullying.
Los likes y los comentarios son el nuevo score de popularidad. Los chicos muestran lo que los demás quieren ver para obtener validación, pero como vemos en la serie, esa validación también se ratifica demostrando el poder que se tiene. El bully no solo lo muestra en clase, sino también somete a sus víctimas en las redes, ya sea a través de comentarios hostiles o manejando la narrativa a su antojo.
El adoctrinamiento en las aulas y las redes
Pero las redes sociales no funcionan solo como un catalizador de popularidad y acoso, también son la principal fuente de información de los jóvenes, sobre todo a través de influencers.
En la serie se deja ver, aunque muy por encima, ese tema, haciendo una mención del youtuber Andrew Tate. Se aborda solo un lado del problema sobre este pensamiento que existe entre hombres y mujeres, que no hace más que agravar la violencia entre ambos, fomentado por diversas ideologías relacionadas con el género. Esto me lleva al siguiente punto.
Algo que me llamó la atención —y es una parte importante del tercer capítulo— es el tema de la sexualidad, presente tanto en las materias escolares como en el contenido de internet. Esto debido al adoctrinamiento ideológico que gira en torno a quién te llevas a la cama, y que lamentablemente se está enseñando desde edades muy tempranas.
A esto hay que sumarle que dentro de esas ideologías se alienta a la satanización de la masculinidad, haciendo ver a los hombres como el origen de todos los males, mientras se exaltan las características feministas. Claro, todo a conveniencia de la narrativa, ya que una mujer con rasgos masculinos está bien. Escenario que solo nos ha llevado a los extremos de los INCELS y el movimiento 4B.
Por otro lado, esta hipersexualización de todo lo que nos rodea ha llevado a que hasta el significado de un simple emoji cambie. Lo que nació en una cultura de la comunicación contextual ahora se usa para simplificar aún más la comunicación escrita y, como hemos visto en otros casos del lenguaje, cambiar el significado. En este caso, el de los emojis.
Las consecuencias de los actos
En general, poco se habla del tema que trata el último capítulo de la serie: las consecuencias colaterales de los actos de Jamie y lo que su familia tiene que afrontar.
Es cierto, Jamie fue víctima de bullying, pero tomó una decisión extrema al terminar con la vida de su compañera de escuela. Con ello, arrastró a su familia a ser señalada y difamada por la comunidad en la que viven.
Además, tienen que cargar con la culpa de no haber visto las señales de que su hijo no estaba bien, reprochándose que no fueron los mejores padres por no estar lo suficientemente presentes y haberle fallado. Este, sin duda, es un capítulo que te rompe el corazón y que te deja pensando en todas las aristas de este problema tan complejo.
Conclusión
Adolescencia es una serie que va más allá del problema de la influencia de las redes sociales y el bullying. Es una historia que deja ver el problema que se ha causado con las ideologías tóxicas que llegan sin reparo a las nuevas generaciones y que pueden tener consecuencias muy graves.
En este punto, difiero un poco de las declaraciones que hizo Jack Thorne, en las que menciona el problema de la ira masculina como una de las causas, sobre todo porque en México, dos de los casos de bullying con extrema violencia que más repercusión mediática tuvieron fueron perpetrados por chicas, más recientemente, el caso de Fátima, que hasta llegó a las noticias internacionales.
A mi parecer, Adolescencia es una serie que vale la pena ver, especialmente si tienes hijos que estén en esa etapa de vida o estén por entrar a ella. Y más si compartes la preocupación que llevó a Stephen Graham a escribir el guion de esta serie.
Quizá, por la crudeza de la serie, no sea el típico maratón feliz, pero, aun así, te recomiendo que la veas de principio a fin.
Nos leemos en la próxima reseña.







