Frankenstein, adaptación de Guillermo del Toro para Netflix

Recontando Frankenstein al puro estilo de Guillermo del Toro

Una de las películas más esperadas de este año, sin duda, era la adaptación de Guillermo del Toro de Frankenstein o el moderno Prometeo de Mary Shelley, ya que la mancuerna de la historia con la estética que imprime el director mexicano, hay que decir que por lo menos  en papel, sonaba increíble, pero todo podía pasar al ser una producción de Netflix.

En esta nueva adaptación del clásico de Mary Shelley, Victor Frankenstein arriesga todo para desafiar la muerte al crear una criatura a partir de partes humanas, a la que le da vida y, al hacerlo, desencadena una serie de acontecimientos que pondrán en duda quién es el verdadero monstruo en la historia. 

A medida que la criatura se vuelve consciente, lúcida y capaz de comunicarse, se enfrenta a la soledad, al rechazo y al dolor de existir en un mundo que no le ofrece lugar. La historia explora no solo el terror, sino también los vínculos entre creador y creación, la culpa, la redención y el anhelo de humanidad.

Un clásico que nunca muere 

Frankenstein de Guillermo del Toro tuvo diferentes estrenos; el 30 de agosto se presentó en el Festival Internacional de Cine de Venecia, luego del 17 de octubre se proyectó en algunos cines selectos, y el pasado 7 de noviembre se estrenó finalmente en Netflix. Cabe destacar que esta es una película larga, con una duración de dos horas y media. 

En este caso, el guion y la dirección corrieron a cargo de Guillermo del Toro, mientras que el reparto estuvo conformado por Oscar Isaac, Jacob Elordi, Mia Goth, Felix Kammerer, Lars Mikkelsen, David Bradley, Lauren Collins, Charles Dance y Christoph Waltz.

Con el sello que caracteriza a las obras del director mexicano, esta nueva reinterpretación de la obra de Shelley llega para preguntarnos quién es el verdadero monstruo y cómo es que se crea o quizá siempre ha estado ahí, en las sombras. 

Aunque, en esencia, se dice que es una de las mejores adaptaciones de la novela, hay que decir que Guillermo del Toro se tomó varias libertades creativas para poder enmarcar el mensaje que él quería transmitir con esta versión.

Uno de los cambios narrativos más notorios es la forma en que está contada esta historia, pues la vemos desde dos puntos de vista diferentes; primero vemos la versión de Víctor, el creador que busca emular el trabajo de dios al querer dar vida a un ser inanimado, pero sin entender el porqué de la vida y qué vendría después de alcanzar su objetivo. En la segunda mitad conocemos la versión del lado de la Criatura, el resultado de jugar a ser dios, y la soledad que vive en un mundo que no tiene un espacio para él, al ser visto solo como un monstruo. 

Otro de los cambios que hizo el director es que en la novela original el personaje de William Frankenstein, el hemano menor del proragonista, no es más que una mención mientras Víctor cuenta su historia al capitán Walton (ahora Anderson), mientras que en la película este es un personaje clave para entender el resentimiento que siente el hermano mayor en muchos sentidos, pero en especial porque tiene lo que él ha buscado: reconocimiento, validación y amor, primero de su padre y después de Elizabeth, que en este recuento es la prometida de William.  

Como precursora de la ciencia ficción, y como muchas de las obras de la época relacionadas con ese género o con el terror, lo que Mary Shelley intentó (además de cumplir con un reto, como dice en su introducción de la versión de 1831) fue cuestionar los límites, la ética y la moral de los avances que se tienen en la ciencia, pero, como alguna vez dije, como lectores, muchas veces vemos cosas llevamos dentro reflejadas en lo que leemos. 

En esta adaptación de Frankenstein, del Toro transforma la obra en una historia de la relación entre padres e hijos. En este caso, cambia la actitud de los padres de Víctor hacia él y desarrolla un ciclo hereditario de violencia que se rompe con la Criatura perdonando a su creador. Lo que sigue la misma línea temática que ya había desarrollado en su anterior trabajo, Pinocho, e incluso se puede decir que en Hellboy

Como una reinterpretación de Frankenstein, me parece que del Toro hizo suya la historia y la contó de una manera como solo él puede hacer, haciendo de lo grotesco y monstruoso algo bello que nos hace reflexionar sobre lo diferente y lo extraordinario, al mismo tiempo que plantea temas como el ego, la soledad, la melancolía y la muerte. 

Ahora, la narración de la historia no podría estar completa si no mencionamos la estética. Como en cada película, el director mexicano ha creado todo un mundo a partir de lo gótico de la obra original y de lo que ya caracteriza su obra: escenarios fantásticos donde cada color toma un significado y representa parte de la esencia del personaje que los usa o cómo se conecta con otro. 

Tengo que decir que parte de la estética y del uso del color rojo con acento en partes muy específicas, me recordó mucho a los escenarios y diseño de La cumbre escarlata, con los ángeles al rojo vivo, el laboratorio con esas escalinatas y toda la torre de color negro; incluso los vestuarios tan elaborados me llevaron a recordar esa producción del 2015.

Por otro lado, en el caso del monstruo, no pude evitar recordar a Nébula de Guardianes de la Galaxia; no sé si fue por los colores que escogieron, que están en tonalidades azules y violetas; aun así, me gustó más esta versión de la Criatura, más humana en su forma y en su comportamiento. 

Algo que ha sabido hacer muy bien del Toro es definir su sello personal dentro de lo gótico. Junto a Tim Burton, han logrado construir mundos tan fantásticos dentro de lo oscuro, cada uno a su manera y siempre con ese toque que da un poco de luz a las sombras. 

No sé si pueda decir que es la adaptación más fiel a la obra de Mary Shelley, pero sí puedo decir que Frankenstein de Guillermo del Toro es una de las mejores películas del director y una buena reinterpretación del significado y de los dilemas morales (acá más paternales) entre el creador y su creación, un mensaje que parece que resuena más con el director y que logró transmitir a través de hacer los personajes suyos. 

En lo personal, me parece que cumple con las expectativas que se tenían desde que se anunció a principios de este año; posiblemente sí sea una de las mejores películas del 2025 y, por la fotografía, ojalá la hubieran dejado más tiempo en cines y en más salas, ya que siento que en pantalla chica no luce tan espectacular, pero, aun así, vale mucho la pena. 

¡Feliz tarde de pelis! 


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