Infocracia: la digitalización y la crisis de la democracia Byung-Chul Han

Infocracia, ¿cuándo dejamos a los algoritmos decidir?

¿Hasta dónde llega la influencia del mundo digital en nuestra vida cotidiana? Es algo que pocos se preguntan, porque ya hemos normalizado que todo —o gran parte— viva en la red y que cada clic se transforme en un dato que nos etiqueta. 

Infocracia: La digitalización y la crisis de la democracia plantea una reflexión sobre cómo la digitalización impacta directamente en la democracia y la manera en que entendemos la verdad bajo los nuevos “regímenes de la información”. 

En la nueva era, el exceso de datos, las redes sociales, los algoritmos y la ausencia del discurso debilitan el pensamiento crítico y el debate racional, dando paso a la polarización y la manipulación. 

Bajo el concepto de infocracia, el autor plantea un nuevo sistema de poder, basado en el control de la información y de los datos que cada usuario está dispuesto a ceder. Según Han, la vigilancia de la sociedad ya no se da mediante la fuerza, sino mediante la hiperconectividad, la autoexposición y los algoritmos que moldean nuestras decisiones de forma invisible.    

La fragilidad de la libertad

Infocracia: La digitalización y la crisis de la democracia de Byung-Chul Han se publicó por primera vez el 7 de abril de 2022 por una de las editoriales de Penguin Random House. El libro cuenta con aproximadamente 103 páginas, incluidas las notas del autor sobre las fuentes que cita a lo largo del ensayo. 

Como en libros anteriores (La crisis de la narración y La sociedad del cansancio), se nota una preocupación real sobre la masificación del pensamiento y el control a través de la información, que, viendo el panorama actual, tiene un buen fundamento. 

Sumado al problema de la crisis que existe de la narración en su forma pura (la de contar historias) y una sociedad cada vez más adormecida, Han ahora ahonda en el tema de la información que rige nuestro día a día y cómo esta se transforma en datos que van sentando la pauta para dictar el comportamiento y la forma de pensar en la sociedad. 

Cuando se trabaja con métricas demográficas y de engagement, entre otros datos de este tipo, no es difícil imaginar el escenario que plantea el autor sobre que cada clic convierte a las personas en números y etiquetas, que permiten a quienes controlan esa información catalogarlas para ofrecerles el contenido específico en un momento determinado: un carrusel de fitness, un anuncio de nuevo restaurante o un post con la narrativa “correcta”. Todo listo para, como su nombre lo indica, ser consumido en el momento sin rodeos. 

En ese consumismo mismo radica la ironía de que, en el siglo en que se predica la autenticidad, la libertad y la transparencia, sean esos mismos conceptos los que erosionan las democracias, y lo más preocupante es que parece que es bajo voluntad propia, pues poco a poco nos hemos ido haciendo a la idea de ser vigilados y contabilizados en bases de datos. 

Bajo la premisa de la transparencia, y en algunos casos por seguridad, aceptamos que se recopilen nuestros datos en todo momento. Por lo general, solo pensamos en las redes sociales que recopilan información para presentarnos contenido afín a nuestros gustos, pero no es el único medio. Todos los smart things que nos rodean recopilan datos que al final se convierten en un perfil en la red. Por ello, Han afirma que, bajo el precepto de la transparencia, ahora somos una sociedad más vigilada y aprisionada en la digitalización. 

Esa situación lleva a lo que el escritor denomina “régimen de la información”, en el que la personalidad es borrada y pasa a ser datos que son analizados, medidos y segmentados por todos los expertos en cualquier rama de la minería de datos, con el único objetivo de conocerte mejor de lo que te conoces a ti mismo. El resultado: contenido que reduce la capacidad de razonamiento y profundiza el adormecimiento de una sociedad que solo busca lo cómodo y placentero. 

Al final, se crea una sociedad apática donde la única libertad que se tiene y con la que se conforma es la de dar likes, compartir la información y el meme de moda; la toma de decisiones se la dejamos a quienes manejan los datos, y por ende la información y la narrativa. 

Libros vs. el mundo digital

Sobre la decadencia del razonamiento, un punto que me pareció sumamente interesante es la comparación que hace el autor con la sociedad digital y la de los libros y cómo es que sus fuentes de conocimiento marcan la pauta para el desarrollo del pensamiento y la cultura. 

Por un lado, menciona que los libros eran el instrumento que marcó el discurso rector de la democracia mediante una cultura racional durante el periodo de la Ilustración, en el que los discursos se caracterizaban por la coherencia y el orden de ideas y hechos. 

En este periodo, el discurso era una herramienta fundamental para que las personas debatieran y generaran una opinión fundamentada en hechos e ideas y con ello ejercieran su derecho a tener una sociedad democrática. 

Sin embargo, en la sociedad digital, los medios se encargan de destruir la racionalidad que fundamentaron los libros, ya que se basan en información fugaz del presente, que desdibuja el pasado y el futuro, porque lo que importa es el momento. No se necesita racionalizar ni reflexionar sobre algo que en poco tiempo estará en el pasado; por ende, vemos un desinterés por los hechos y una creciente pasividad ante el entorno. 

La falta de racionalidad, sin embargo, no es lo único que diferencia ambas sociedades ni lo único que pone en riesgo la democracia: la pérdida de habilidades cognitivas también juega un papel central. Esto no solo es algo que señala Han, sino que está ampliamente estudiado y se refleja en las pruebas de compresión como la prueba PISA: la sociedad actual tiene problemas a la hora de comprender a fondo la información que se les presenta.

Ya sea en texto o audio, las personas muestran una capacidad de atención muy reducida, lo que les impide leer libros medianamente largos, mirar o escuchar un programa sin mirar el celular, y todo eso lleva a la proliferación de contenido sin contexto, directo, altamente emocional y fácil de digerir para mantener al usuario feliz y cómodo dentro de su pasividad. 

La democracia en declive 

Al leer Infocracia en este periodo de alta volatilidad política y polarización, pude notar ciertos patrones que quizá había visto, pero no observado, por ejemplo, que puede más un meme que un artículo donde se citen fuentes para dar a conocer un hecho. 

Como señala el mismo Han en La crisis de la narración, el relato está muriendo y está siendo reemplazado por el contenido que apela a las emociones en lugar de la racionalidad y el saber, pues busca generar en el usuario una sensación específica, positiva o negativa. 

Su función se facilita cuando dicho contenido favorece el uso de imágenes que no ofrece argumentos ni justificaciones, pero sí pueden volverse virales con una frase provocadora, una pose cómica o algo emotivo que permee en el imaginario colectivo de las masas. Porque, a pesar de que se hable de autenticidad y libre pensamiento, en realidad la manipulación de datos apela al pensamiento colectivo de las tribus digitales. 

Quien tiene los datos tiene el poder de dirigir la “narrativa” para inclinar la balanza a su favor, lo que, según el autor, puede tener consecuencias graves dentro del ámbito político, llevando a un declive de la democracia. 

Una sociedad optimizada

Más allá de quién esté al mando de la política, Byung-Chul Han plantea un escenario mucho más oscuro: una dictadura digital que lo ve y sabe todo para poder medir y calcular a la sociedad, eliminando al individuo y reemplazándolo por la masa, en búsqueda de una utopía funcional y optimizable. 

Según sus observaciones, el gobierno pasaría a ser un ente planificador y de condicionamiento casi similar a lo que Orwell planteó en 1984: una sociedad carente de sentido, reflexión y limitada hasta en el lenguaje. 

Al comparar el libro con la realidad en muchas partes del mundo, resulta desalentador comprobar que lo que Han plantea se vuelve visible: declaraciones que contradicen la realidad son aceptadas sin que las personas puedan —o quieran— distinguir la mentira de la verdad. Se consume contenido sin cuestionarlo ni medir sus consecuencias. 

Al final, Infocracia: la digitalización y la crisis de la democracia es un libro que recomiendo para comprender con detalle el momento que vivimos y reflexionar sobre cómo cambiar el rumbo. 

Es un libro corto, pero que tiene un gran valor y cuyo principal objetivo es el de hacerte pensar y cuestionar. 

¡Feliz lectura! 

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