Seis meses después del estreno de la segunda temporada, Netflix nos comparte la continuación, que más que la tercera temporada, es justo eso: la siguiente mitad de lo que ya habíamos visto en diciembre.
Volvemos al área de juegos, esta vez con los ánimos mermados después de una fallida rebelión contra los game makers, lo que deja a nuestro protagonista sumido en una depresión que después se convierte en una sed de venganza al saber quién ha sido el eslabón débil.
Mientras tanto, en el mar, el detective Hwang Jun-ho sigue en su misión de encontrar la isla donde se llevan a cabo los juegos para revelar su existencia y poder desmantelar la organización que se encarga de diseñarlos, así como a quienes disfrutan de las apuestas.
¿Será que nuestros héroes lograrán acabar con todo esto o se enfrentan a algo más grande que ellos?
¿Era necesaria dividir la segunda temporada?
La tercera parte (que más bien es la segunda parte de la segunda temporada) se estrenó el 27 de junio, con un total de 6 episodios de aproximadamente una hora de duración.
El cast es prácticamente el mismo que la entrega anterior: Lee Jung-jae, Wi Ha-joon, Lee Byung-hun, Im Si-wan, Kang Ha-neul, Lee Jin-wook, Park Sung-hoon, Jo Yu-ri y Kang Ae-shim. Además, regresa Hwang Dong-hyuk como director y guionista de la serie.
Si después de ver la primera parte de estos juegos, la serie había perdido parte del objetivo por el cual el director creó la historia, mas no se podía decir que fuera mala, en esta última parte todo se va en picada. Advierto que a partir de aquí habrá muchos spoilers para poder explicar por qué este final es tan débil.
Para empezar, no sé por qué la están vendiendo como Squid Game 3 cuando todos sabemos que es la segunda mitad de la temporada que se estrenó en diciembre. Se nota que la dividieron porque esta entrega no tiene ni una introducción diferente, como sí vemos con Sweet Home 3; acá entramos de lleno con lo que pasó después de la masacre y el siguiente juego, por lo que es obvio que tuvo más una intención de retención de la audiencia, tal como han hecho con Stranger Things.
Ahora, esta segunda mitad peca más de no tener una razón por la cual se alargó la historia del jugador 456, más allá de que Netflix quiso darle su tratamiento especial: explotar la popularidad, sacar dinero y arruinar la historia. Debido a que no se resuelve nada, lo más seguro es que los juegos sigan; de hecho, vemos a la contraparte de Gong Yoo interpretada por Cate Blanchett al final.
¿Entonces qué propósito tuvo toda esta temporada? En esta segunda mitad Gi-hun tiene poco peso, literalmente se pierde, es uno más del montón, hasta los últimos dos capítulos que, como al personaje de Park Sung-hoo la matan de una manera muy tonta; las jugadoras 222 y 149 se suicida y el 333 no tiene redención, entonces él es el único que puede proteger a la bebé que acaba de nacer y eso hace que tome conciencia otra vez.
Fuera de los juegos, sé que el personaje del detective que interpreta Wi Ha-joon no era parte de la historia original, pero si por alguna razón decidió meter a este personaje, me parece que el director debió ponerle un poco más de cariño y respeto a la hora de escribir sus partes, ya que es uno de los personajes más desperdiciados en toda la serie.
Es increíble que, siendo un detective que logró colarse en los primeros juegos, se convierta en un personaje tan ingenuo, que crea a ciegas en el capitán. Salió más avispado el personaje de Jeon Seok-ho, que parecía el menos capaz de todo el equipo de mercenarios. Que también es un desperdicio toda la misión, porque, como el jugador 456, tampoco resuelven nada. El detective solo llega a la isla para gritarle a su hermano por qué le perdonó la vida.
Por otro lado, recuerdo que en la reseña anterior comenté que parecía que se habían olvidado de los VIP y que quizá se pudieron haber explotado más en esta segunda parte. Ahora me arrepiento de haber insinuado eso, mejor los hubierna dejado fuera.
En esta entrega salen desde el segundo capítulo; incluso le vemos la cara a tres de ellos porque el Líder los deja entrar a la zona de juego a matar a los perdedores de las escondidas, y cada que salen es una pérdida de tiempo. Los diálogos están pobremente escritos y mal interpretados por los actores, lo que los hace molestos e innecesarios. Adelanté la mayoría de sus escenas y eso no impactó la trama. El único diálogo que tiene peso es cuando deciden que la bebé tome el lugar de su madre como la jugadora 222; de ahí en fuera, todas sus escenas son relleno. Hubiera sido mejor más Gong Yoo como el reclutador y menos VIP.
Hablando de diálogos sin sentido y de personajes molestos: el jugador 100. El que debía tomar el relevo del jugador 101, interpretado por Heo Sung-tae, como el antagonista de estos juegos, resulta ser un chiste con diálogos tan malos que hasta pide un escudo para defenderse del otro equipo. Por favor, es el Juego del Calamar; el objetivo es matar al contrincante, además ya les habían dado su forma de escapar. No sé cómo es que un personaje tan pobre tuvo mejor suerte que el de Park Sung-hoon.
Este cierre de El juego del calamar se parece al meme del caballo, que empieza bien dibujado, con detalles profesionales, y termina con la cabeza dibujada con trazos que parecen de un niño de kínder. Pareciera que al director Hwang Dong-hyuk se le estaba acabando el tiempo para entregar el guion o que las especulaciones de que ya no quería saber más del proyecto eran ciertas, y pues cerró la historia al aventón. Por lo menos salvó a la bebé 222, pero su desenlace también fue muy Deus Ex Machina.
Al final, el cierre de Squid Game se une a los desastres de Sweet Home, La casa de papel o El monstruo de la vieja Seúl, y parece que esta vez llegarán más lejos con la explotación de la franquicia, porque seguro que tendremos la versión de los juegos en Los Ángeles con Cate Blanchett como la reclutadora.
¡Feliz maratón!








