Era la noche del lunes 2 de mayo del 2016, cuando los jugadores del modesto Leicester City, o como muchos los llaman, los Zorros, se juntaron para ver el último partido de la fecha entre el Chelsea y el Tottenham, este último su más acérrimo rival por el título de la liga.
Los jugadores del Leicester habían hecho un torneo más que espectacular, con remontadas que parecían imposibles, con jugadas hechas con pincel que involucraban a cada uno de los jugadores y con una calidad comparada con los cracks del fútbol.
Los chicos, liderados por el gran técnico italiano Claudio Ranieri, habían empezado el torneo peleando por no descender y, como si de un milagro se tratara, esa noche se reunían para ver si un sueño se transformaba en realidad, como en las reuniones de pizza a las que Ranieri los invitaba por cada partido ganado.
El partido comenzaba y, con cada intento de gol del Tottenham, los chicos del Leicester se ponían nerviosos; necesitaban que el equipo londinense perdiera o empatara con el Chelsea para poder coronarse como campeones. Sería la primera vez en los 132 años de historia del club que el equipo se coronara campeón, pero fue en el minuto 34 que veían esta posibilidad escaparse con un gol de Kane a favor del Tottenham y poco después, en el minuto 43, llegaba otro por medio de Son Heung-Min, teniendo un marcador de 2 a 0.
Los jugadores de la pequeña ciudad a las afueras de Londres veían cómo se les escapaba una vez más el torneo, pues hacía ya algunos años (en 1929) que el equipo había quedado en el segundo lugar de la máxima competición. No era un mal resultado; al fin y al cabo, habían logrado su objetivo de quedarse una temporada más en la Premier League, y con creces, pero quedaría esa cosquillita de haber podido lograr lo impensable.
Empezaba la segunda parte del partido y los chicos aún tenían la esperanza de que el Chelsea pudiera remontar el marcador y así hacerlos campeones como habían comentado; “un regalo para nuestro antiguo técnico”, habían dicho.
Era el minuto 57, cuando esas palabras se tornaban poco a poco en realidad con el gol de Cahill y más tarde, al minuto 82, se tornaban reales con el 2 a 2 que lograba el Chelsea con el gol de Hazard. Después de ese gol ya no se movería el marcador.
Los jugadores del Leicester City no lo podían creer; eran campeones de la Premier League después de 132 años y a pesar de tantos altibajos en su historia. Por primera vez, Ranieri hacía campeón a un equipo, y con el menos esperado, pues había dirigido a la Juventus, al Inter de Milán y al propio Chelsea, que hoy le daba el campeonato con su nuevo equipo.
¡El Leicester City, campeón de la Premier League! Rezaban los titulares de todos los medios, locales e internacionales; la gente salía a las calles a celebrar al nuevo campeón en toda Inglaterra; en el extranjero se emocionaban con la historia del modesto club.
Hacía tanto tiempo que no se conocía una historia igual, un club demostrando que lo que vale es el trabajo en equipo, el esfuerzo diario, la motivación, la disciplina y el compañerismo: el Leicester había demostrado todo eso y mucho más junto con su incondicional técnico, quien también conseguía su primera liga.
Y así es como la noche del 2 de mayo de 2016 se convirtió en una noche mágica, que no se olvidará en mucho tiempo, pues esa noche un zorro se convirtió en el monarca de la Premier League.







