Dieciséis años después de que se estrenara el último episodio de Fullmetal Alchemist: Brotherhood, llega la que algunos han llamado la sucesora al trono, Daemon of the Shadow Realm, el más reciente trabajo de Hiromu Arakawa en colaboración con BONES. En particular, yo tenía mis expectativas muy altas, ya que la historia de los hermanos Elric es una de mis favoritas de toda la vida; por eso, desde que se anunció, estuve muy al pendiente de cada noticia alrededor del anime y en esta nota te contaré qué me pareció.
Pero antes deja que te dé un poco de contexto sobre de qué va esta nueva historia, y es que Daemon of the Shadow Realm nos lleva a un pueblo escondido en las montañas, protegido y aislado de la civilización; ahí nacen un par de mellizos separados por el día y la noche, Yuru y Asa, quienes estarán marcados por una leyenda que hará que sean perseguidos por el poder que están destinados a tener, uno que podría llevarlos a dominar el mundo.
Para impedir que los niños caigan en manos equivocadas, sus padres los separan: llevan a Asa al Mundo Inferior y dejan a Yuru en la aldea donde nacieron. Sin embargo, todo cambia cuando la aldea es atacada por dragones que quieren secuestrar al chico, por lo que Yuru tendrá que huir y ocultarse en un mundo muy diferente al que conoce, al mismo tiempo que descubre la verdad sobre su naturaleza y quiénes son sus aliados y enemigos.
La contraparte de Fullmetal Alchemist
Daemon of the Shadow Realm se estrenó el 4 de abril del 2026 a través de la plataforma de Crunchyroll, con un total de 24 episodios de 23 minutos de duración, el estándar dentro del anime.
Es una adaptación del manga homónimo escrito e ilustrado por Hiromu Arakawa y el estudio encargado de llevar a cabo el trabajo de darle vida en pantalla es BONES, la mancuerna dorada que nos trajo Fullmetal Alchemist y Fullmetal Alchemist: Brotherhood.
Como bien decía al principio, mis expectativas con este anime estaban muy elevadas, tanto por la autora como por lo que se veía en el tráiler, que daba la impresión de que nos llevaría a un reino antiguo, posiblemente ficticio, como lo fue Amestris, con un sistema mágico nuevo, pero Daemon of the Shadow Realm es muy distinto de lo que pensaba.
En cuanto a la calidad narrativa de Arakawa, esa es excelente. La historia está contada principalmente desde la perspectiva de nuestro protagonista, Yuru, que, como nosotros, va descubriendo el verdadero mundo fuera de la barrera de la aldea donde vivía y el porqué muchas personas quieren matarlo y controlar el poder al que puede acceder al revivir.
Para crear esa sensación de incertidumbre y peligro, la autora solo nos va dando las piezas que necesitamos en el momento, ya sea del pasado de los mellizos, de los clanes o de los mismos tsugai. Además, todo lo que vamos descubriendo sobre la verdad de la historia hace que Yuru se dé cuenta de que ha vivido engañado, aunque la verdad que más le duele es descubrir que la que creía que era su hermana no lo es, sino que la real ha vivido en el Mundo Inferior con una familia en la que él no confía.
Aunque a primera vista pareciera que la historia llevaría el mismo ritmo que Fullmetal Alchemist, lo cierto es que se siente un poco más lenta al inicio; Arakawa se toma su tiempo para presentarnos a los personajes que acompañan a Yuru y darnos contexto sobre de qué lado están y cuáles pueden ser sus motivaciones para querer protegerlo o matarlo, según sea el caso, y cuál es el papel que juega Asa, que ella ya ha revivido y obtenido su poder.
Otro de los elementos que diferencian a las dos obras es justo eso, la relación entre los hermanos, algo deliberado que buscaba Arakawa desde un principio. Mientras que los hermanos Elric tienen un lazo prácticamente inquebrantable, al punto de que están dispuestos a dar la vida el uno por el otro, acá Yuru y Asa son casi desconocidos. A pesar de que ella sí busca la forma de sacar a su hermano de la aldea, él la rechaza porque se siente engañado, abandonado y traicionado, por lo que él marca una distancia entre ellos.
Hacia la segunda mitad del segundo arco (los 24 episodios los dividieron en dos entregas), la historia toma más fuerza, sobre todo con la intervención de Ivan, uno de los villanos que recuerda mucho a Kimblee, tanto en diseño como en personalidad, por lo que pareciera que la historia podría ponerse mucho más interesante en la segunda temporada, que ya ha sido anunciada.
Hablando de los guiños a Fullmetal, existen muchos detalles que recuerdan a su antecesora, ya sea por las personalidades, el diseño o algunas dinámicas de los personajes; incluso en el episodio 15 de Daemon of the Shadow Realm hay una “aparición especial”, pues se ve que los personajes están viendo un episodio de Fullmetal Alchemist, quizá el más cruel y del cual también tuvimos recuerdos de Nina con el diseño de unos tsugai que aparecen en los primeros episodios. Hubiera preferido un recuerdo de los homúnculos, pero quizá Arakawa quería hacernos sufrir un rato; aun así, es lindo que haya incluido todos esos pequeños detalles para todos aquellos que disfrutamos de su primera historia.
De la alquimia al balance de fuerzas
Como es bien sabido, Hiromu Arakawa es de esas mangakas, como Gege Akutami, que para crear sus historias les gusta investigar, ya sea temas culturales, científicos, históricos o de lo que sea, y en este anime no fue la excepción.
Para crear la aldea Higashi, que se encuentra en una montaña, tomó el diseño del castillo Takatori y estudió las costumbres de la era Edo para representar el sistema en el que vive y se cría Yuru, lo que hace que su choque de realidad cuando está en Mundo Inferior sea mayor al descubrir que el mundo en realidad dejó de vivir hace mucho tiempo como se vive en la montaña.
Además, para esta historia, en lugar de inventar un sistema mágico como tal, Arakawa decidió irse por el folclor japonés, pues en los tsugai vemos el reflejo de la filosofía del yin y el yang, que simboliza el equilibrio; por eso siempre están en pareja (de hecho, su mismo nombre se puede traducir como “pareja”) y siempre como opuestos: izquierda y derecha, luz y sombra, niño y niña, etc. Asimismo, la naturaleza de estas entidades sobrenaturales toma características de los kami, yokai y yurei, así como de los ritos del sintoísmo y las leyendas que aún prevalecen en la cultura japonesa.
En esa parte, salvando las diferencias, me recordó un poco a Jujutsu Kaisen, pues si bien los amos de los tsugai no tienen un poder como tal, sí son personas que tienen cierta sensibilidad como para poder verlos, algo similar a lo que ocurre con los hechiceros que ven las maldiciones, solo que en este caso, en lugar de cazarlos, las personas que pueden ver estas entidades tienen la posibilidad de hacer un contrato con la persona que los vea.
Por otro lado, parece que la historia pinta para que tenga datos históricos, ya que en los capítulos finales se menciona que la enemistad de los clanes data desde el shogunato Tokugawa, periodo verídico, al igual que el sistema de clanes que se tenía en el Japón feudal, que seguro más adelante tendrá relevancia en la historia.
Tengo que decir que, aunque este anime no era lo que esperaba, me sorprendió para bien, pues me he encontrado una historia interesante que toca temas complejos como el sentir que no puede confiar en nadie y sentirse solo o hasta dónde está dispuesto a llegar alguien por el poder puro y total para controlar a todos, y la forma en que se presentan es sencilla, pero sin caer en la simplificación, algo que hace muy bien Arakawa.
Al final, Daemon of the Shadow Realm es una buena historia; no sé si logrará llegar al nivel cultural que tiene su predecesora, pero sí creo que para las generaciones más jóvenes que están entrando en el anime o manga puede ser esa historia que los introduzca al trabajo de Hiromu Arakawa, principalmente por la sólida narrativa, los personajes y los arcos de desarrollo por los que pasan. Solo el tiempo dirá hasta dónde puede llegar la historia de Yuru y Asa; de momento, sí creo que puede ser el tsugai de Fullmetal Alchemist, haciendo referencia al equilibrio.
¡Feliz maratón!








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