Made in Korea en Disney+, Hyun Bin, Jung Woo-sung

¿Valió la pena la espera por la segunda parte de Made in Korea?

Después de aproximadamente ocho meses de espera, llegó a Disney+ (bajo el sello de Hulu) la segunda parte de Made in Korea, la cual prometía un nivel de intriga mucho más elevado y una tensión creciente entre Baek Ki-tae y el fiscal Jang Geon-yeong, pero parece que los directivos tenían otros planes.

En esta continuación, la historia nos lleva nueve años después de los acontecimientos de la primera parte; Baek Ki-tae ha logrado llegar a ser el subdirector de la KCIA, al mismo tiempo que consolida su imperio de narcotráfico, pero su ambición no tiene límites y busca llegar tan alto en el poder como pueda. Sin embargo, cuanto más alto el cargo, el peligro en cada toma de decisión es mayor y el costo puede ser muy alto.

Las disputas por el poder dejan de desarrollarse únicamente en las sombras del mundo criminal y comienzan a involucrar a otras fuerzas que también buscan controlar el rumbo del país.

Por otro lado, Jang Geon-yeong, quien perdió su carrera por confrontar a Baek Ki-tae, regresa tras preparar su venganza en las sombras. Determinado a descubrir todas las conexiones y organizaciones bajo el control de Ki-tae, estará dispuesto a hacer lo que sea  y aliarse con quien sea para conseguir su objetivo.

Con viejas cuentas pendientes y nuevos adversarios, Ki-tae y Jang Geon-yeong vuelven a enfrentarse en un juego en el que cada movimiento puede cambiar el equilibrio del poder y en el que nadie parece estar completamente a salvo.

Dos historias diferentes

La segunda parte de Made in Korea se estrenó el 9 de septiembre de 2026, de nuevo con seis capítulos de estreno semanal. También se mantuvo la duración promedio de los episodios, aproximadamente una hora.

En cuanto al elenco, regresan Hyun Bin, Jung Woo-sung, Woo Do-hwan, Seo Eun-soo, Won Ji-an, Jung Sung-il y Roh Jae-won. En el caso del guion y la dirección, volvieron a estar a cargo Park Eun-gyo y Park Joon-suk en la redacción, y Woo Min-ho como director.

Cuando se anunció la segunda parte junto con la de Negocio letal y otros k-dramas originales de Disney, sí pensé que cerraría con fuerza la historia, sobre todo con ese final donde parece que los gángsteres vencen a la justicia y construyen un imperio amparados en su posición de poder, pero no fue la continuación que esperaba.

Esta segunda parte se siente como una serie diferente; el tono de comedia negra que se veía reflejado en el fiscal Jang ya no está, la línea de la historia de la droga y los yakuzas casi desaparece y solo se menciona cuando el guion lo necesita; de repente todos tienen un sentido muy patriótico para justificar sus actos, entre otros cambios que se ven a lo largo de estos últimos seis episodios con respecto a lo que se había planteado antes.

Para mí, parte del problema de esta segunda mitad de Made in Korea empieza con situarla nueve años después, ya que no hay una justificación real dentro de la narrativa, más allá de aprovechar el momento histórico en que matan al presidente de Corea del Sur y se prepara un segundo golpe de Estado, todo con el fin de meter a los militares como un nuevo bando solo porque el hermano menor de Ki-tae es militar y uno de los personajes más manipulables de toda la serie.

La situación se siente forzada y ni siquiera sigue el mismo estilo narrativo que la serie usó en la primera parte para mostrarnos los datos históricos, que, más que tener peso en la historia, solo nos daban un contexto para ubicarnos en la época en la que transcurre la historia ficticia. En esa primera parte se introducían imágenes en blanco y negro tipo documental, pero acá esa herramienta ya no se usa, y sí hubo momentos en los que se pudo usar, como en las protestas o al sentar las bases de por qué el ejército está queriendo tomar el poder.

Más allá de que Ki-tae tiene otro puesto o que su sobrina (que sale a lo mucho tres veces) ya es una niña grande, no hay nada que te haga sentir que han pasado nueve años; a lo mucho, unos cuantos meses. No se ve que haya construido un imperio de la droga, como dice la sinopsis, o que tenga suficiente influencia en el gobierno; sigue respondiendo a alguien por encima de él, compartiendo las ganancias y haciendo lo que le manden.

En el caso de Geon-yeong, se entiende que haya perdido su carrera por haber sido condenado, pero ¿cuánto tiempo pasó en prisión? ¿Por qué salió? ¿De verdad nadie de su equipo hizo algo por demostrar su inocencia y ni siquiera lo buscaron después? Además, era el único personaje que hablaba de hacer algo por el bien del país en la primera parte, pero aquí está dispuesto a vender su patriotismo, su sentido de la justicia y su dignidad al bando contrario solo por lo que parece más bien una venganza personal.

Otra de las líneas que pierde sentido con el tiempo transcurrido es la de la yakuza. Se supone que el líder ya estaba muy enfermo y pensando en quién sería su sucesor, pero resulta que lo acaba eliminando Ikeda, su hija adoptiva, algo que pudo haber hecho en algún momento para afianzar su posición y ayudar a consolidar a Ki-tae en Corea como proveedor, pero al final, el personaje de Ikeda se reduce a ser una soplona.

Desde mi punto de vista, no había una razón válida para hacer cambios tan drásticos que terminaron diluyendo la historia, porque incluso el nombre de la serie pierde sentido. Al principio de esta segunda parte se muestra un paquete de droga que dice Made in Korea, pero de repente la trama se olvida de los narcóticos y se centra en las rivalidades políticas entre la KCIA y el grupo militar.

Al final, esta segunda parte de Made in Korea parece una historia completamente diferente: de una sobre gánsteres pasamos a un drama político con personajes más débiles, que ni siquiera lograron sus ambiciones. Irónicamente, de todos, la única que se queda con el puesto que busca es Ikeda; de ahí en fuera, todos salen con las manos vacías, rebajándose ante el nuevo sistema o muertos. A estas alturas no sé cuál era la verdadera historia que querían contar o si a la mitad de la serie se arrepintieron o los obligaron a cambiar el rumbo.

Es una lástima que esta mitad no haya cumplido con las expectativas que dejó el final de la primera parte y que haya cerrado con ese final. Si estaban jugando con la parte ficticia de la historia, pudieron haber construido un final alternativo, no necesariamente apegarse a lo que pasó históricamente en el país. Sin duda, una de las grandes decisiones del año.

¡Feliz maratón!

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